Quinto Penalti #5: Damià

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Se acabó el fútbol para un clásico como Damià Abella Pérez (Olot, Girona, 1982). Antes de lo que hubiera deseado, el lateral se vio obligado a colgar las botas este mismo mes de julio, tras haber terminado su contrato con el Middlesbrough inglés, donde militó las dos últimas temporadas, al no ser capaz de superar una gravísima lesión de rodilla que sufrió en septiembre de 2014.

El exdefensor del Barcelona, el Racing de Santander, el Betis y Osasuna, Damià se encuentra en pleno punto de inflexión en su vida profesional. Así reflexiona sobre el fútbol inglés y el Boro de Aitor Karanka, entre otros temas de esta amplia entrevista.

Vivió la realidad del fútbol inglés a lo largo de los dos últimos años y llegó a lograr un ascenso a la Premier League hace escasos meses. ¿Qué tal fue la experiencia en la Championship?

Dejando de lado la lesión, la experiencia fue muy buena. Siempre había deseado poder cambiar de país en algún momento de mi carrera, y sobre todo, jugar en Inglaterra. A pesar de haberme movido por varios equipos y haberme tenido que ganar un espacio en el vestuario de cada club, cada uno con su propia idiosincrasia, salir al extranjero era algo que yo quería hacer. Deseaba esa dificultad para expresarme, esa necesidad de aprender un idioma nuevo, esa necesidad de crecer como profesional fuera de un ámbito de mi confort y en un país donde el fútbol se vive de una forma muy distinta y muy bonita.

Tuvo la suerte de encontrarse en el Boro a un equipo dirigido por un entrenador español, Aitor Karanka, y con un pequeño grupo de compañeros españoles. ¿Le facilitó esto su adaptación a Inglaterra?

La adaptación fue muy rápida; el hecho de que mi entrenador fuera español lo facilitó todo. De hecho, el propio Karanka fue el que propició que yo fichase por el Middlesbrough, ya que él mismo inició los contactos directamente conmigo, sin pasar siquiera por mi representante, y estuvimos hablando varias veces antes de que se cerrase mi contratación. Él seguía la liga española, llevaba pocos meses en el equipo y estaba buscando gente con experiencia que él valorara futbolísticamente para intentar hacer un proyecto de ascenso a la Premier. Ese primer año nos quedaríamos con la miel en los labios, ya que perdimos la final del playoff en Wembley contra el Norwich y no subimos.

Hay muchas vías para llegar a un club. Puedes llegar a través del entrenador, del director deportivo o del servicio de scouting y relaciones que tiene tu representante con ciertos clubes… pero para mí, la mejor vía para llegar, sentirte identificado y aterrizar de pie es la del entrenador. Por eso digo que esta fue la mayor facilidad de adaptación que me encontré, porque todo lo que te ponen por delante para empezar está predispuesto para que todo te vaya bien.

“Cuando el que te ficha es el entrenador, lo tienes más fácil para adaptarte a un nuevo club”

Y estaban Emilio Nsue, Dani Ayala, Tomás Mejías, Kike García… una serie de jugadores españoles, que en algún caso llevaban allí muchos años, como era Ayala, o también acababan de llegar nuevos. Esto te ayuda a adaptarte más rápido y a coger la dinámica del vestuario, pero se mantiene ese plus de tener que ganarte el puesto entre toda la gente inglesa y de otras muchas nacionalidades que había entonces y que sigue habiendo ahora.

No le acompañó la buena suerte en el Middlesbrough. Una lesión de rodilla en los primeros partidos cortó de raíz su etapa en el equipo y casi que su carrera deportiva también. ¿Cómo ocurrió?

A lo largo de mi carrera solo había sufrido una lesión grave de cadera, en mis primeros años, que me mantuvo casi un año y medio de baja, con dos operaciones. Quitando ese periodo largo, nunca había sufrido problemas físicos, más allá de alguno pequeñito que apenas me había parado; pero esta vez no fue así. En vez de haberse dividido en espacios de tiempo más equilibrados, las lesiones me han tocado al principio y al final de mi carrera.

Sucedió en el séptimo partido de liga. La Championship es una competición muy larga, con 24 equipos, y hay ciclos donde juegas todos los sábados y los martes durante tres o cuatro semanas consecutivas; coincidió en esa dinámica. Yo había tenido la suerte de empezar la liga como titular y jugué varios partidos consecutivos hasta ese día. Visitábamos al Cardiff City y yo me lesioné solo en un cambio de dirección, intentando robar el balón a un atacante: rápidamente, notas que algo ha crujido en la rodilla y que es de gravedad. La pena es que a pesar de que la gente suele salir adelante con este tipo de lesión, que en mi caso fue rotura del ligamento cruzado anterior y del menisco interno, yo no pude.

Esto se debió a que a lo largo del camino hubo complicaciones. El cruzado se me recuperó sin contratiempos, y eso es lo más importante para la flexibilidad de la rodilla, ya no solo como jugador, sino pensando en la vida normal a posteriori. Por el contrario, el menisco sí me dio problemas, porque trataron de suturarlo y de intentar mantenerlo, ya que tiene una función amortiguadora de impactos, pero no fue posible. A los cinco-seis meses necesité otra operación en la que me quitaron los puntos y me descargaron un poco más el menisco. Después pasé por unos seis o siete meses donde no logré ningún progreso en mi recuperación y volví a operarme en Barcelona con el doctor Ramón Cugat, que me quitó un poco más de menisco. Este fue el momento en el que parecía que llegaba: tras unos tres meses de entrenamientos de carga, la rodilla empezó a ir muy bien, aunque sí que se me hinchaba un poquito más de la cuenta.

“Me quedo con la tranquilidad de haber intentado recuperarme de mi lesión hasta el final”

Llegué a jugar un partido con el equipo reserva del Middlesbrough que parecía que ya era el paso final para volver a competir y entrené quince días con mis compañeros a pleno rendimiento, pero empecé a sentir de nuevo molestias. Fue una pena, porque en ese momento entrenando sientes que, pese a casi un año y medio fuera, te ves en situación de poder competir, de poder ayudar… pero por desgracia había otra vez molestias en la rodilla y tuve una cuarta y última operación dos o tres meses antes de terminar esta última temporada. En total, me he tirado en blanco algo más de un campaña y media, con cuatro operaciones.

La liga acabó, subimos y fue precioso, y mientras yo estuve intentándolo y apretando para ver si podía volver. No me rendí ni tiré la toalla, pero al tratar de ver hasta dónde podía llegar me di cuenta de que por desgracia no puedo: la rodilla no me da para poder seguir. Pero también es cierto que el haberlo intentado hasta el último aliento me dio tranquilidad mental y me libró de esos “y si…”; te quedas tranquilo por el esfuerzo de haberte puesto a prueba y con la pena de no haberlo conseguido. Es algo asumido y digerido.

Diríamos que se ha quitado una losa de encima.

Cuando llevas veinte meses y cuatro operaciones parece que quieres tirar la toalla y decir “lo dejo, porque me da más sufrimientos que alegrías”. Pero a pesar de ello, luchas contra este sentimiento y lo sigues intentando porque, además, la información que manejaban los médicos era que prácticamente no tengo menisco interno, al igual que muchísimos jugadores, y que la rodilla respondía bien. Simplemente podría acelerar un proceso de artrosis para dentro de quince o veinte años, algo que sería muy contraproducente si fuese mucho más joven y tuviese un carrera de quince años por delante, pero a mi edad, cuando ya me quedaban un par de años, no pasaba nada por intentarlo. Pero es cierto que hay un porcentaje pequeño, de un cuatro o cinco por ciento, donde la rodilla no se adapta a esta falta de menisco, y por desgracia estoy en este porcentaje.

¿Cómo ve el futuro ahora que ya sabe que no puede volver a los campos de fútbol?

Lo veo con tranquilidad. Hace unos quince días que tomé la decisión definitiva de dejar el fútbol, así que en estos momentos estoy en una fase de ‘vacaciones mentales’, de pasarlo bien con la familia y los amigos, hacer cosas que no podía hacer antes… y con la intención de seguir ligado al mundo del fútbol, formarme como entrenador, aprender distintas vertientes que puede tener el fútbol y reengancharme de un modo u otro en unos meses.

Su último entrenador también pasó a los banquillos tras haber sido defensa. Aitor Karanka vivió su primera experiencia como primer entrenador en el Middlesbrough, casi como una prueba de nivel para él, y terminó respondiendo y devolviendo al club a la Premier League. ¿Cómo fue trabajar con él?

Se nota que tiene un modelo de gestión de la estructura del cuerpo técnico propia de un equipo grande. De algún modo, y pese a la diferencia de años, me recuerda a mis comienzos en el Barcelona, donde había una estructura formada por un entrenador principal, que era Frank Rijkaard, con unos ayudantes por debajo, Eusebio, Ten Cate y Unzué, que llevaban el peso del entrenamiento junto con el preparador físico. En este caso, el entrenador ocupaba una posición un poco más retrasada, controlando y tomando decisiones. Parecen estar alejados del diseño de las tareas y de la implicación en el día a día, pero también se basan en el contacto directo. Creo que Karanka ha seguido este modelo.

Con la progresión que ha tenido el fútbol en cuanto a análisis de equipos rivales y propios, y al uso de tecnologías como el GPS o mediciones del movimiento medio de los jugadores, creo que Karanka tiene, en ese sentido, un concepto de lo que ha vivido como entrenador al lado de José Mourinho, y ha tratado de aplicarlo con mucho éxito en el Middlesbrough.

“Karanka se basa en un modelo similar al de Rijkaard: sus ayudantes llevan el día a día, pero él es quien controla todo y toma decisiones”

¿Cómo valora el nivel futbolístico de la Championship?

Muy alto y muy distinto al nuestro. Yo he jugado un año en la Segunda División de España y nueve en Primera, y así como entre la Primera y la Segunda División de España hay una diferencia de nivel importante, yo diría que la Championship inglesa y la Primera española serían ligas parecidas dentro de sus estilos característicos, si no tuviésemos en cuenta a Real Madrid, Barcelona, Atlético de Madrid, Valencia, Villarreal, Sevilla o algún otro equipo más. Es decir, si cogiésemos la Primera División española del séptimo para abajo, no tendría nada que envidiar a la Championship en cuanto a intensidad y nivel.

Pero sí es cierto que es una propuesta muy distinta, incluso en el aspecto físico de los jugadores. Yo en España pasaba por ser un lateral muy alto, físico y fuerte –mide 1,88 metros–, algo que es poco habitual aquí, donde es más frecuente ver a gente más pequeña, rápida y con mucho recorrido, pero en Inglaterra es más fácil encontrarte con laterales de mi perfil físico. Allí los centrales también son enormes, al igual que algunos delanteros, y se permite mucho más contacto porque hay un juego mucho más directo. Personalmente, creo que hay mucha influencia del rugby en la sociedad y en el concepto de deporte en Inglaterra: más noble, mucho contacto, pero a la vez hay poca picaresca y poca maldad en cuanto a las acciones más físicas. Me sentí a gusto y muy identificado con este tipo de fútbol, aunque es cierto que tácticamente está aún por desarrollar.

Hay mucha importación de entrenadores españoles y de otros países a la liga inglesa, tanto a la Premier League como a la Championship. Se detecta ahí una voluntad por mejorar, porque tienen todos los ingredientes para convertirse, en el caso de la Premier, en la mejor liga del mundo. Por funcionamiento del torneo, cómo llenan estadios o los salarios sí que es la mejor, pero no por resultados y, a mi modo de ver, tampoco por evolución del juego.

“La Championship no tiene nada que envidiar a la Primera División española, si quitásemos a los siete primeros”

Y en su caso, pese a que jugaba en el segundo nivel del fútbol inglés, también se invertía ahí muchísimo dinero en traspasos y salarios.

Muchísimo dinero. Además, allí hay varios mercados de fichajes, porque hay ventanas continuas de cesiones de uno o tres meses, pueden venir varios jugadores sub-23… Creo que esto es bueno para el futbolista pero malo para el equipo, porque hay poca cohesión por la continua rotación de jugadores. A veces se echa un poco en falta ese sentido de pertenencia al equipo en el que estás, y aunque es una competición digna de admirar y cuesta adaptarse cuando uno viene de fuera.

Estás obligado a ponerte las pilas muy rápido, porque tú llegas con tus mecanismos y tienes que mudarlos. Pongo un ejemplo muy técnico: un balón en el aire en el que yo, como defensa, tengo la posición más o menos ganada a un rival. Si yo no toco la pelota de cabeza y hay un desplazamiento, va a ser falta a favor; pero en Inglaterra no, a lo mejor te empujan ‘tímidamente’ y el árbitro no considera que sea falta. Entonces, estás obligado a cambiar o a adaptarte a estos nuevos mecanismos, y eso es algo que cuesta un poco al principio.

Pero volviendo al apartado económico, en el último mercado invernal el Middlesbrough fichó a un jugador –Jordan Rhodes, delantero del Blackburn Rovers– por nueve millones de libras, casi doce millones de euros, cuando íbamos líderes con seis puntos de ventaja; el pasado verano, se gastaron en fichajes más de dieciocho millones de euros… Todo este dinero que el Boro invirtió en fichajes, que no fichas, casi ningún equipo de la Primera División española se lo puede permitir, quitando, como decía antes, a los siete de arriba. Por eso creo que un equipo de segundo nivel como era el Middlesbrough hasta este verano puede competir de tú a tú con los otros doce-trece equipos de la liga española.

Culminado el ansiado regreso a la Premier, ¿qué expectativas le augura a su exequipo en la próxima temporada?

Creo que le va a ir bien, porque ya cuentan con una buena base. Si son capaces de complementarla bien y acertar con los fichajes, tendrán posibilidades de mantenerse. Pero también es cierto que hay un salto muy grande, como contaba antes, y una brecha económica importante entre los equipos que llevan años en la Premier y los que acaban de llegar. Por tanto, todo dependerá del acierto que tengan o no en los fichajes: si lo hacen medianamente bien, tendrán mimbres para mantener la categoría sin problemas.

En esa línea, parece que están apostando por intentar recuperar a fútbolistas españoles en horas bajas. Hablo de Valdés, de Barragán y de otro que parece que también será compañero suyo, Negredo. ¿Cree que es una apuesta arriesgada?

Hay que tener en cuenta que Negredo conoce la Premier League, Valdés también, aunque ha jugado poco, y Barragán también estuvo en el Liverpool cuando era muy jovencito… La adaptación al país y al idioma será fácil para ellos.

Pero al mismo tiempo, han fichado a Fischer, un chico del Ajax muy prometedor, a Bernardo, central del Sporting… Al final tienen que renovar un poco al equipo con caras nuevas, porque entre los que terminamos contrato o terminaron cesión, hubo unos doce futbolistas que dejamos el equipo este mes, y me imagino que muchos de los que llegarán son gente que ya conoce la Premier.

Mencionó antes a Frank Rijkaard, el entrenador que le hizo debutar en Primera División. Formó parte de un proyecto del F.C. Barcelona que terminó ganando una Champions. ¿Cómo fue eso de empezar al máximo nivel?

Mis inicios no fueron al uso, porque con veinte años yo estaba disputando mi primera temporada en el fútbol amateur. Estaba estudiando en Barcelona, y al mismo tiempo jugaba en un equipo de Primera Regional sin la más mínima ambición por dedicarme al fútbol ni por asomo; pasados dos años, con veintidós, estaba debutando como titular en el Barça. Yo nunca me había llegado a plantear hasta un año antes el haber llegado a ser ni siquiera futbolista profesional, con lo que fue una sorpresa que me llegara esa oportunidad.

“Los jugadores que logran mantenerse varios años en la élite lo consiguen por un puro ejercicio de supervivencia”

No me había formado en La Masía, tampoco llevaba ni tres meses en el Barcelona B, al que había llegado inicialmente como un jugador de refuerzo, por edad y características, pero no con la etiqueta de jugador para el primer equipo. Hubo varias lesiones, la verdad es que a Rijkaard le gustó mi estilo, mi manera de funcionar y tuve esa suerte de poder debutar. Fue un sueño hecho realidad, que es lo que siempre se dice, pero es lo que me pasó de forma totalmente inesperada.

Esa etapa fue de aprendizaje, casi diría que de supervivencia, porque además empecé a jugar en una posición de lateral que apenas conocía, ya que yo venía jugando de interior habitualmente. Así que fue un proceso que me ayudó muchísimo en mi carrera profesional. Al final, te das cuenta de que los jugadores que se mantienen una serie de años arriba lo logran por supervivencia pura y dura. Hay un aprendizaje intrínseco, pero muchas veces no lo percibes como tal, porque hay muy poco tiempo de margen para aprender en el fútbol profesional. Es una etapa en la que muchas cosas las dan por hechas, y si no están hechas, verás cómo el entrenador terminará poniendo a otro. En ese sentido, creo que me ayudó mucho esa capacidad de adaptación a lo largo de lo que fue mi carrera.

¿Fue esa capacidad de adaptación la que le mantuvo siempre en la élite?

Yo respondí a esa oportunidad de Rijkaard y después pasé por el Racing; el Betis, con ese año y medio de lesión por medio donde logré remontar el vuelo; Pamplona, donde pasé cuatro años en Osasuna; y la decisión de irme a Inglaterra la tomé yo porque quería: tenía tres opciones para seguir en la Primera División española. Uno puede tener las mismas condiciones futbolísticas que otros, pero al final todo depende mucho de la capacidad adaptativa que tengas. Todos los jugadores entre Segunda B y Primera, quitando a un pequeño grupo de futbolistas que tienen un talento muy por encima del de los demás, tienen unas condiciones parecidas. Entonces, la capacidad mental puede ser la que marque la diferencia.

Hablando de futbolistas con talento especial, usted coincidió con uno de ellos en esa hornada de canteranos del Barça 2004/05. Se llamaba Lionel Messi. ¿Se esperaba en aquellos años que llegase a donde ha llegado?

Era muy jovencito, tenía 17 años por aquel entonces y debutó uno o dos partidos antes que yo, pero jugó muy poquito esa primera temporada. Sin embargo, ya se veía que era un jugador especial, talentosísimo, e incluso se intuía que llegaría al primer equipo del Barcelona en unos dos años. La gente lo veía por entonces como un Iniesta, aunque algo distinto, pero nadie pensaba que llegaría a donde ha llegado, desde luego, ni que sería el mejor jugador del mundo y posiblemente el mejor de la historia cuando se retire.

En aquel momento, los cuatro o cinco años de diferencia que había entre él y yo eran una brecha muy grande en esas edades, aunque tengo buen recuerdo de él. Era un chico muy introvertido, pero era una buena persona.

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