Quinto Penalti #6: Juan Carlos

juan carlos garrido

Una de las revelaciones de la recién terminada Eurocopa de Francia portaba micrófono. En un mundo donde cada vez es menos exigente comentar un partido de fútbol para los medios, Juan Carlos Garrido Fernández (Valencia, 1969) fue uno de los nombres propios de los streamings de partidos por parte de la UEFA, junto a periodistas como Álvaro Romeo u otros comentaristas como el exfutbolista Quique de Lucas.

Pero no nos engañemos: Juan Carlos Garrido no vive del mundo audiovisual. Su paso por clubs variopintos como el Villarreal, el Betis, el Brujas o el Al Ahly egipcio le han convertido en un testigo de las distintas visiones y culturas del fútbol. En esta entrevista, el valenciano viaja a través de la pizarra y los banquillos del mundo.

La suya es, quizás, una de las mejores voces autorizadas para hacer un análisis de lo que fue la Euro 2016 desde un punto de vista táctico. A grandes rasgos, ¿cuál ha sido su valoración del torneo?

En primer lugar, ha habido sorpresas, porque las principales favoritas no han estado al nivel que esperábamos, principalmente España. Está claro que la Selección ha sido la gran sorpresa negativa: a todos nos ha sorprendido verla tan pronto fuera, y de alguna manera todos esperábamos que volviera al camino de los anteriores títulos y no al mismo que el de Brasil, pero finalmente no ha podido ser.

Al haber quedado España de segunda de grupo, se cambiaron todos los cruces previstos, y eso generó un cuadro de la competición muy difícil y otro a priori más asequible. A partir de ahí, creo que lo de España empezó a generar más sorpresas, porque en el otro cuadro de eliminatorias, Portugal, con tres empates en un grupo flojísimo, acabó siendo la campeona. Su paso más importante fue el de eliminar a Croacia en un partido que en teoría le habría tocado contra España si esta hubiese sido primera.

Pero más allá de resultados y clasificaciones, y yéndonos más hacia lo táctico, esperaba que España y Alemania hubiesen llegado más lejos. Creo que Alemania es un equipo que ha jugado bien al fútbol, ha tenido alternativas y ha desplegado un juego parecido al de España en estos últimos años, con posesión y ataque elaborado. Pero también ha tenido alternativas, porque ha sabido utilizar bien mientras lo ha tenido a un ‘nueve’, Mario Gómez; ha sabido utilizar a un extremo como Draxler, que quizás es algo que le ha fallado a España, que podía haber utilizado más veces a Lucas Vázquez; y sobre todo, Alemania también demostró en el partido contra Italia tener la alternativa táctica de poder jugar con tres centrales. Esto último me gustó, porque quedó demostrado que decantarse por un cierto dibujo táctico no significa renunciar a un estilo de fútbol. Yo no veo que jugar con tres centrales signifique siempre jugar más defensivo, sino que creo que simplemente tienes que utilizar el dibujo táctico adecuado para imponerte en el partido.

Sobre esto, recuerdo un ejemplo muy significativo que pasó con el Barça de Guardiola, que normalmente jugaba con un 4-3-3, pero hubo partidos en los que vimos un 3-4-3 e incluso un 3-5-2 o un 3-6-1, como sucedió en la final del Mundialito, cuando jugó con muchos centrocampistas y un delantero. Es decir, el dibujo táctico no tiene por qué implicar una renuncia a un estilo de juego, como decía, y sí puede significar tener una continuidad en este, pero con un esquema que sea más adecuado para lo que te encuentras en cada partido. Entonces, Alemania me gustó porque creo que supo hacer esto, y quizás podría haber dicho eso de que mereció más, pero en fútbol lo justo es lo que pasa: el que gana es el que gana y punto. Pero sí que es verdad que se pensaba que tras la eliminación de España, Alemania iba a ser la campeona, pero fue eliminada por Francia.

“El segundo puesto de España cambió todo el cuadro de eliminatorias”

Otra selección que me gustó fue Italia. Siempre se dice que es un equipo defensivo, pero a mí no me lo pareció, y me voy a explicar. Evidentemente, yo siempre recuerdo una mentalidad en los equipos italianos en la que basan sus fortalezas en sus capacidades competitiva y defensiva, pero yo creo que en este caso Italia ha utilizado este sistema defensivo para atacar. Tenía tres centrales que, junto con el mediocentro que jugaba por delante de ellos, sostenían la posición defensiva del equipo, pero que permitían que el resto de jugadores atacasen. Los llamados carrileros se convertían en extremos en todas las ocasiones, tenían a un delantero referencia como Pellè y a un segundo delantero que se aprovechaba constantemente de sus buenas acciones. Y de los tres centrocampistas, dos eran constantemente ofensivos, por lo que había prácticamente siempre seis jugadores atacando.

La diferencia viene en que Italia no atacaba con posesión, sino que atacaba al espacio. Intentaban posicionarse bien, y a partir de ahí presionar o contraatacar; a España, por ejemplo, le presionaron muy bien. Se utiliza el defender bien para atacar: no es que sea un equipo defensivo que simplemente coloca a once jugadores debajo del larguero; eso no ha sido Italia, Italia ha sido un equipo realmente muy bien organizado con, otra cosa muy importante, ataques totalmente trabajados y automatizados. Estaba muy claro lo que hacían cuando tenían el balón: ya sabías que cuando los tres centrales se ponían cerca del portero para recibir y la jugaban en corto, era para atraer al rival, engañándole, para enseguida poner el balón a Pellè, dejar de cara, buscar una banda, llegar y rematar. Ahí se veía claramente el sello de su entrenador, era un fútbol ‘contizado’, probablemente el que necesitaba este equipo, y yo creo que lo han hecho muy bien. Alemania – Italia me pareció la final anticipada cuando se jugó, los dos equipos que por fútbol colectivo más me han gustado en esta Euro, más allá de quién la haya ganado.

Y sin embargo, la valoración general de la gran mayoría de partidos no fue buena.

Hubo selecciones que llamaron la atención porque han sorprendido con algún resultado, pero que a mí particularmente no me han gustado jugando al fútbol. Por ejemplo, voy a nombrar a Islandia. Este tipo de equipos han podido conseguir algún buen resultado, pero es que viendo sus partidos, eran once jugadores cerca del área esperando a ver si caía algún balonazo, saque de banda o así. Esto vende y tiene márketing por lo del país muy pequeño, pero claro, el fútbol era muy flojito, metiéndose todos atrás y atacando a base de balonazos, buscando acciones tan arcaicas como el saque de banda. Me sorprende mucho, y en ese sentido hay que felicitar a los islandeses por haber conseguido llevarlo a la práctica, que los rivales no hayan sido capaces de defender este tipo de situaciones.

“El cambio de dibujo táctico no implica renunciar a un estilo de fútbol”

Entonces, por el hecho de que había muchas selecciones como estas, porque había miedo a perder o porque había equipos que asumían mucho su papel de inferiores y jugaban como tales, como Islandia, sí puede haber quedado esta impresión de poco fútbol en varios partidos del torneo.

Deja para el final a quienes se jugaron el título. ¿Cuál cree que fue la clave del triunfo de Portugal frente a Francia?

En el caso de Francia, es un equipo que desde el principio se ha beneficiado mucho del factor local, porque comenzó consiguiendo buenos resultados sin buen fútbol en un grupo muy flojo y fue cogiendo confianza conforme fue avanzando la competición, basándose en grandes individualidades. El primero de todos empezó siendo Payet y luego fue Griezmann, que se mantuvo, sin olvidarse de que tenía al lado a los Pogba, Matuidi, Kanté, Sissoko… jugadores de muy buen nivel técnico, pero que como equipo creo que nunca nos demostró superioridad en ninguna faceta: ni a la hora de defender, ni de atacar, ser combinativo o contraatacar. A mí quien verdaderamente me gustó de Francia fue Griezmann. Se puede matizar que Giroud le hizo un buen trabajo, pero particularmente creo que hubiesen puesto a quien hubiesen puesto al lado de Griezmann, habría parecido que lo hizo bien, fuese Gameiro u otro.

Francia, por tanto, llegó a la final por las individualidades, por el factor local y porque contra Alemania supo aprovechar sus oportunidades. Tuvo dos regalos, un penalti y una pérdida de balón dentro del área, y Francia los aprovechó porque es cierto que lo peleó, que lo compitió, que defendió y que consiguió que Alemania no le fuese ganando el partido, para que cuando tuvo esas oportunidades, fuese capaz de marcar dos goles.

Sobre Portugal, parto de la base de que había ocho equipos que casi hubiese ganado el que hubiese ganado, nunca podríamos decir que fue una sorpresa. Podría haber ganado España, Alemania, Italia, Francia, Portugal, Inglaterra o incluso Bélgica, aunque a priori a España, Alemania y Francia, por ese factor local, los veíamos como los más favoritos. Por tanto, que gane Portugal no es una sorpresa por el nivel de jugadores que tiene, pero sí que es una sorpresa por cómo hemos visto que se ha desarrollado la competición: un equipo que empata en su fase de grupos con Islandia, Hungría y Austria muestra unos resultados muy pobres.

En lo que a mí me ha parecido, Portugal comienza su primer partido, contra Islandia, queriendo jugar al fútbol con un 4-3-3, con un extremo derecho como Vieirinha como un lateral derecho muy ofensivo, con André Gomes y Moutinho de centrocampistas, y con Nani, Cristiano y João Mário arriba. Es decir, tres delanteros con movilidad, dos de los tres centrocampistas súperofensivos, los laterales ofensivos y queriendo tener el balón. Iban ganando uno a cero, y en algunos momentos me gustaba cómo estaban jugando, y les empatan a uno precisamente por un error defensivo de Vieirinha, que es un lateral que dentro de su área no va a defender bien, como así sucedió, no se organizó bien en el marcaje, y acaba marcando el extremo que venía por el lado contrario.

Portugal empezó queriendo elaborar y jugar, pero acabó transformándose en un equipo más que defendía bien y contraatacaba. De un 4-3-3 con los laterales muy ofensivos acabó pasando a un 4-4-2 que más bien era un 4-2-4, en el sentido de que los dos delanteros eran Cristiano Ronaldo y Nani, y los dos jugadores de banda, Renato Sanches y João Mário o alguna alternativa para esos puestos, como las que tenían. En el centro del campo, quitaron a Moutinho y a André Gomes, y pasaron a jugar con Adrien Silva, que es un jugador más guerrero y peleón, y con William Carvalho detrás, que es más claramente un medio centro o incluso un tercer central. Entonces, la evolución táctica de Portugal dentro de la propia competición fue pasar a ese equipo más basado en la velocidad en ataque. Con el fútbol defensivo y ofensivo parece que una cosa es mala y la otra es buena, pero básicamente lo que hicieron fue pasar de ser un equipo con centrocampistas que canalizaban y elaboraban a tener jugadores arriba que busquen el ataque rápido al espacio.

Y luego, Portugal compitió bien, porque en prácticamente todos los partidos les hicieron pocas ocasiones de gol y ellos fueron firmes, estuvieron bien concentrados en lo defensivo y al final fueron ellos los que tuvieron siempre alguna ocasión de gol con los jugadores de arriba, cuya calidad y velocidad supieron aprovechar.

Cambiando de tercio, y mirando a la temporada que comienza en unas semanas, volveremos a ver al Villarreal en la Champions League. Usted, que fue el último entrenador que entrenó a los castellonenses en la máxima competición continental, ¿qué lección cree que deberían extraer de aquella época?

Lo que pasó con el Villarreal de aquellos años de Champions es que de un equipo que se clasificó para el torneo quedando cuarto en la liga española, jugando una semifinal de Europa League y alcanzando los cuartos de final de la Copa del Rey, se pasó a vender a un jugador importante como era Santi Cazorla, mientras varios jugadores más pasaron toda la pretemporada con la cabeza en una posible venta: Nilmar, Diego López, Borja Valero y Giuseppe Rossi, principalmente; es decir, los jugadores más relevantes del equipo se pasan todo el verano en negociaciones por posibles salidas. Luego hay jugadores que acaban contrato, como Capdevila, y el equipo no se refuerza de modo conveniente para afrontar la exigencia de la siguiente temporada, en la que te van a exigir estar arriba en Liga, y por supuesto, hacer un buen papel en Champions.

Después, por desgracia, se lesionaron jugadores como Marcos Senna, Nilmar, Cani, Gonzalo Rodríguez… gente muy importante que estuvo fuera durante mucho tiempo y luego, fundamentalmente, que el calendario que nos tocó no nos dio ninguna opción, porque tuvimos al Manchester City, al Nápoles y al Bayern de Múnich. Estas tres bases nos hundieron la temporada, la verdad.

“El Villarreal tiene que reforzarse para mantener, como mínimo, el nivel de la pasada temporada”

¿Qué lección se puede sacar de aquellos años? Partimos de que el calendario nadie lo puede manejar, las lesiones son una sorpresa que nunca sabemos lo que puede pasar y lo que sí se debe manejar es reforzar la plantilla, porque la Champions realmente exige mucho y porque al final, cuando un equipo viene de una temporada de éxito, para la siguiente se te exige, como mínimo, mantener el mismo nivel, y para eso necesitas reforzarte y aumentar la capacidad del equipo.

¿Es este Villarreal mejor, igual o peor que el de aquella época?

La temporada pasada lo hizo muy bien. Es un equipo con mucho trabajo táctico, defensivo, de presión, de buscar el juego en velocidad, bien organizado en cuanto a ese juego defensivo… Quizás es un equipo diferente al de esas temporadas anteriores, en las que el fútbol estaba más basado en el juego elaborado y en la posesión de balón, y en este caso se ve a un equipo que busca más la velocidad y el espacio en ataque y la organización defensiva para buscar contraataques. Esa es la diferencia que veo en este Villarreal actual respecto al de años anteriores.

Su trayectoria en los banquillos lo ha llevado por dos países cuyas ligas están a una cierta distancia de las de élite mundial, como son las de Bélgica y Egipto. ¿Qué impresiones se llevó de estos dos torneos?

Obviamente en ambos casos, a nivel personal fue una experiencia muy positiva, porque cuando has vivido en otros países te das cuenta de lo positivo que es y lo bien que lo vives. En el caso de Bélgica, yo vivía muy bien, me gustaba mucho la mentalidad del fútbol de los aficionados, de los estadios, del respeto que había y, en resumen, de cómo se vivía en fútbol en cuanto a la buena organización, las instalaciones, los estadios y todo lo que rodeaba al profesional. Se podía disfrutar del fútbol y de la vida con este.

A mí me tocó estar en un club, el Brujas, en el que realmente sientes la pasión de la gente y que es de los grandes en muchos detalles, así que lo disfruté mucho. Me sentí muy respetado y muy querido, principalmente por los aficionados. Y luego me encontré a un grupo de jugadores a los que creo que benefició mi etapa, ya que les llevé un estilo de entrenamiento y juego que no tenían. Hablo de gente como Carlos Bacca, Thomas Meunier, Víctor Vázquez, Maxime Lestienne, Ryan Donk o Vadis Odidja-Ofoe, que necesitaban lo que yo les llevé, un estilo de trabajo más similar al que tenemos en España y ese fútbol elaborado que nosotros conocemos. Y creo que a ellos les vino muy bien porque hasta ese momento estaban haciendo otra cosa, ya que los entrenamientos podría decirse que eran de otras épocas. Entonces, en ese sentido, fue positivo para ellos por lo que yo les aporté y fue positivo para mí por lo que ellos me aportaron a mí, ya que conocí gente de otros países, culturas y formas de ver el fútbol.

“Creo que mi estilo benefició a jugadores como Bacca, Meunier, Víctor Vázquez o Lestienne”

En mi primera temporada, el Brujas logró remontar muchas posiciones desde que yo llegué, y hasta la penúltima jornada tuvimos opciones de ser campeones. Por desgracia, en la segunda hubo un cambio de director deportivo y el nuevo –el islandés Arnar Grétarsson– creía en otro fútbol, de modo que lo que yo aportaba no era lo que ellos querían y al final me fui. Este director deportivo también se terminó yendo, porque vino un entrenador nuevo, Preud’homme, que dijo que ahí mandaba él y que no quería a esta persona en el puesto. Podría decirse que al final fue como perder el tiempo, porque un director deportivo que llega y hace que echen al entrenador para irse también a los pocos meses retrasa la búsqueda de un camino adecuado para el club.

Pero como decía, creo que fue una experiencia positiva trabajar para un club como el Brujas. Tiene mucha pasión: probablemente sea el club belga que más arraigo tenga en cuanto al aficionado, y estoy muy satisfecho de esa etapa allí.

Egipto fue como trascender a otra dimensión, a otra realidad, ¿no?

Así es. Sobre mi etapa en el Al Ahly hay que saber diferenciar dos cosas: lo que es Egipto y lo que es África. Obviamente, Egipto forma parte de este continente, pero es totalmente diferente a la África de Camerún, Zambia o Costa de Marfil. Es un país con una pasión tremenda por el fútbol, el más apasionado que yo he visto con mucha diferencia, ya que en un entrenamiento podíamos estar con 10.000 espectadores y no puedes dar ni un paso por la calle porque la gente te idolatra. Allí, el fútbol es una de las cosas más importantes de la vida de sus aficionados.

El nivel de los jugadores egipcios es bueno, y estamos viendo que algunos están llegando ya a Europa y dando un buen nivel, principalmente Mohamed Salah y Mohamed Elneny. Lo que pasa es que no tienen una cultura profesional bien formada, es decir, en el fútbol egipcio en general no se cuidan muchos detalles de organización: los campos están en mal estado, los horarios para el descanso y comida de los jugadores no se suelen respetar, el concepto del entrenamiento no tiene la misma importancia que recibe en Europa, o por lo menos, la que le doy yo… y lo reconocían. Yo les decía que entrenar es muy importante, porque de lo que entrenas es de donde vas a sacar tu rendimiento. Al final, convencer de todas estas cosas es un trabajo de día a día para el entrenador que cuesta; obviamente, el resultado se ve a la larga cuando consigues cambiar esa mentalidad.

“A un entrenador siempre le cuesta convencer a sus jugadores de que entrenar es muy importante”

Egipto vive muy por detrás de Europa en muchas cosas organizativas relativas al fútbol, por ejemplo, plantillas con treinta y cinco jugadores porque, como te dicen, “se lesionan muchos”. Lógicamente, se van a lesionar muchos jugadores cuando no tenemos ni fisios, así que había que convencerlos de que contraten a alguno para que se recuperen, o tener un gimnasio, o un centro médico… Otro ejemplo era que con esos treinta y cinco jugadores solo teníamos un chárter para los vuelos para jugar la competición africana de la Copa Confederaciones; cuando nos íbamos a jugar un partido, a lo mejor nos teníamos que pasar ocho días viajando, cuatro para ir y otros cuatro para volver, porque tenías que hacer escalar, parar en una ciudad, ir a otra… Este atraso organizativo incide en el rendimiento. En España, todo lo que es atención al jugador, ya sea médica, organización de viajes, preparación de estadios, alimentación o descanso, entre otros, está muchísimo más organizado que en Egipto. Lo que pasa es que allí hay mucha pasión entre los aficionados y hay talento en los jugadores.

Entonces, para mí fue una buena experiencia, porque te tienes que enfrentar a problemas de cosas que tú sabes que son básicas y que allí todavía no las tienen claras, y tienes que luchar para que se den cuenta de ellas. Deportivamente también fue muy positiva porque ganamos dos títulos, la Supercopa de Egipto y la Copa Confederaciones, que era la primera vez que la obtenía un club que prácticamente había ganado todo lo que podía ganar. Ese título fue un gran recuerdo, y ganar un trofeo internacional también ha sido una experiencia muy positiva para mí.

“Para jugar competición continental, el Al Ahly solo tenía vuelos chárter, así que los viajes nos duraban ocho días, entre ida y vuelta”

Usted se encuadra en ese perfil de entrenador que nunca llegó a ser futbolista profesional. Por lo que se empieza a ver en muchas escuelas, muchos de los jóvenes que se están formando para ello también están siguiendo este camino. ¿Se considera un predecesor en algo que podría ser el perfil del técnico de fútbol del futuro?

Yo creo que para ser entrenador hay que querer ser entrenador y tener vocación para ser entrenador. Puedes tenerla habiendo sido futbolista profesional o no; y pienso que quienes lo han sido cuentan con una ventaja si la saben utilizar. Hay muchos entrenadores que han sido jugadores profesionales y han usado esta experiencia para ser buenos técnicos, pero hay otros que no; y hay entrenadores que no han sido jugadores y pueden ser fabulosos en los banquillos.

Para mí no hay debate sobre eso: ni unos me parecen más, ni otros menos. En mi caso, yo tuve la suerte de que desde joven, por circunstancias de la vida, me empecé a dedicar a entrenar a los veintiún años en categorías inferiores y las cosas me fueron viniendo. De entrenar a una escuela, a entrenar a un equipo, a otro, a sacarme el título, al nivel regional, al nacional… siempre lo hice con pasión y porque me gustaba. En mis inicios como entrenador, primero, no cobraba ni un duro; segundo, no lo hacía porque pensase que iba a entrenar en Primera División; y tercero, lo hacía siempre porque me gustaba. Yo creo que al final lo hice con la misma pasión y la misma entrega en cualquier categoría: no me esforzaba más en Primera División que en Tercera División. Un entrenador tiene que dar lo máximo esté en la categoría que esté.

“Siempre que he entrenado he dado el máximo y lo he vivido con pasión, fuese la categoría que fuese”

Lo que sí puedo decir es que en todos los años que he entrenado he podido disfrutarlo y vivirlo con pasión, y para un entrenador creo que eso es lo importante. Tengo la suerte de haber llegado a ser técnico de fútbol profesional sin haber sido jugador de élite y después de haber pasado muchos años en categorías inferiores. Creo que es uno de los pocos casos que hay, aunque sí que hay alguno más, como también lo fue en su momento Benito Floro.

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